Acorralar a la Bestia

Arriba las manos, esto es el Estado argentino. La historia como masacre…

La historia del Estado argentino podría ser relatada a partir de las masacres, represiones y crímenes que éste cometió contra los sectores populares. La bandera argentina ha sido lavada una y otra vez con sangre para que pueda seguir siendo izada como pabellón nacional. La campaña del desierto de Roca en el siglo XIX como parte del genocidio de los pueblos originarios, la represión brutal contra trabajadores en la huelga de 1919, la represión y fusilamientos padecidos por los huelguistas del sur en 1922, los fusilados en José León Suárez bajo la dictadura de Aramburú en 1956, los fusilamientos de Trelew durante la dictadura de Lanusse en 1972, los 30.000 detenidos desaparecidos por la última dictadura militar y los conscriptos muertos por Malvinas son algunos de los hitos de la batalla del Estado argentino por consolidar la paz social, la soberanía y la salvaguarda de los valores nacionales. Es innegable, la sangre con que la Argentina alimentó el río de su historia es la sangre de los nadies, de los trabajadores, de los que luchan, de los que dijeron y dicen ya basta.

Sin embargo, mal que le pese reconocerlo a muchos, los asesinatos y las desapariciones cometidas por el Estado argentino no cesaron con la restauración democrática. Walter Bulacio, Miguel Brú, Teresa Rodríguez, Aníbal Verón, Gastón Rivas, Maximiliano Kosteki, Darío Santillan, Julio Lopez, Carlos Fuentealba y Luciano Arruga; son algunos de los nombres de las víctimas de las fuerzas de seguridad del Estado tras la dictadura. Estos nombres conocidos no son los únicos. Son cerca de 3000 los muertos a manos del aparato represivo del Estado argentino en lo que va del período democrático.

La historia es conocida y el reparto es siempre el mismo: los patrones son los que tienen, el Estado es el guardián, las fuerzas de seguridad son los perros de presa, la Justicia y los medios de comunicación los encubridores, el pobrerío y los trabajadores los que ponen el sudor y la sangre. En esta farsa los jóvenes de las barriadas, como Darío o como Luciano Arruga, se llevan siempre la peor parte.

Juventud divino tesoro…

“Estoy rodeado de viejos vinagres, todo alrededor…

Para vos lo peor es la libertad… Juventud divino tesoro…”

en Los viejos vinagres de Sumo

“Tenemos que unir el discurso de la imputabilidad

con el discurso sobre la impunidad.

Cuantos más sean imputables por abajo, más impunes habrá por arriba.”

Alfredo Grande.

Ser joven dista mucho de ser una garantía de salud en la Argentina, más bien todo lo contrario. Los jóvenes entre 15 y 25 años suman casi el 70 % de los casos de asesinato a manos de las fuerzas de seguridad en el período democrático. La cifra trepa hasta el 86 % si tomamos la franja de 15 a 35 años. La juventud del siglo nuevo está cercada por el gatillo fácil, que con cifra record en los últimos años cobra la vida de un joven cada 48 horas. Entonces, sin temor a equivocarnos, podríamos decirle a aquellos que reclaman mano dura que nosotros también nos sentimos inseguros. Sin embargo, haciendo honor a lo que señalan las estadísticas, les tendríamos que señalar que más que faltar policía nos sobra.

Debemos reconocer que las opciones mortuorias que tiene preparadas el sistema y sus guardianes para los jóvenes de las barriadas no son pocas. Las más repartidas son el hambre y la miseria, las zonas liberadas para el paco, la represión, y el gatillo fácil.

El reciente caso de Luciano Arruga es un relato de la historia cotidiana del conurbano bonaerense. A Luciano la policía le hace una oferta/amenaza de esas que no se rechazan; lo invitan a que robe para ella. El pibe comete el error de negarse, a lo cual sigue el hostigamiento, la detención y la desaparición. Los familiares y amigos aún reclaman verdad y justicia.

Lamentablemente el final alternativo de esta historia es conocido. Y debemos decir que la historia no hubiese variado sustancialmente si Luciano hubiese aceptado ser mano de obra al servicio de la fuerza policial. Más temprano que tarde, habría seguido el destino de muchos de los pibes chorros: abatido en un enfrentamiento, ejecutado, o detenido en el mejor de los casos. Los pibes chorros que horrorizan a los medios por su violencia, son las más de las veces meros sicarios de la policía.

En este contexto, la propuesta de la baja de edad en la imputabilidad hace gala de la perversidad que caracteriza a este sistema. Criminalizada la protesta, criminalizada la pobreza, también se criminaliza la juventud. Los proyectos de los más envalentonados en la cruzada por la mano dura proponen que los 12 años sea la edad mínima de quienes pueden ser sometidos a juicio. El argumento es que esa edad es suficiente para empuñar un arma. Esperemos que estos señores no se crucen a un bebe con un revolver de juguete en la mano.

Diputados, senadores, jueces, funcionarios, periodistas y comedidos biempensantes parecen estar usar una ruleta para establecer la edad de imputabilidad. Este proyecto pretende convertir en legislación la brutalidad sistemática del Estado hacia los jóvenes. La baja de imputabilidad es un acto injustificable aún por el propio derecho burgués. Un sujeto que no tiene edad para votar, es decir no se considera apto para participar de las decisiones sobre lo común, no es parte del contrato. Puesto que no participa de la elección de quienes legislan, no es parte de la decisión sobre las leyes, de modo que no pactó su cumplimiento; por lo que no debería poder ser juzgado por las mismas. Pero no es en los argumentos burgueses que encontraremos la manera de detener esta aberración.

Luca Prodan lo sabía y lo cantaba: “estoy rodeado de viejos vinagres, todo alrededor”. Viejos vinagres como los que mataron a Darío y Maxi: Fanchiotti, Vega, Rodríguez, Juan José Álvarez, Atanasof, Matzkin, Soria, Vanossi, Ruckauf, Solá, Genoud, Eduardo Duhalde y no nos olvidemos de Aníbal Fernández. Algunos de estos personajes vinagrosos e impunes son los operadores actuales de la baja de edad de imputabilidad.

Les avisamos a ustedes, viejos vinagres, que no quedarán impunes aunque nos imputen. Aunque ningún juez los someta, ustedes, los culpables, sepan que la justicia popular es joven y rebelde. Aprendan ustedes, los responsables de tanta masacre, que la justicia del pueblo trabajador es un acto que nada entiende de tribunales. Revolución es su nombre y con la lucha se encuentra. En este punto, donde la rabia y el asco nos invaden, decimos ya basta a los viejos vinagres, ya basta a la impunidad. Un grito que surge renovado, por la dignidad joven y rebelde, le dice basta a la vieja y avinagrada historia de siempre.

Juventud, rebeldía y dignidad son palabras que se mezclan en las luchas de los sectores populares. Así se cruzaron en la lucha por trabajo, dignidad y cambio social de los miles de compañeros jóvenes de todas edades, entre los que estaban Darío y Maxi. Sí, jóvenes de todas las edades; porque, después de todo, la juventud tiene que ver más con esa digna rebeldía que con la edad. O acaso no tenemos más de un compañero que nos duplica o triplica en edad pero también en rebeldía. Por eso la juventud que es digna rebeldía es el divino tesoro de los nadies

Cantando bajito… si insisto yo sé que conseguiré.

“Trémulo de pavor,

piénsate bravo y arremete feroz.

Ya malherido…

LUCHA, LUCHA

No te des por vencido, inspirado en el poema piu avanti de Almafuerte

Debajo del estruendo de la balas del Estado argentino se teje otra historia, la de la organización de los sectores populares. Narrada a gritos con la lucha en las calles pero también con el rumor silencioso de la construcción del cambio social día por día. Ese relato de los que luchan, de los trabajadores, del pobrerío, de los nadies, de los de abajo, tiene un lugar para los jóvenes rebeldes de todas las edades bien distinto al que ofrece el Estado. Mientras muchos jóvenes padecían el desempleo generado por el salvajismo de la faceta neoliberal del capitalismo, los sectores populares se organizaron y construyeron emprendimientos que no tenían como mero objetivo garantizar la subsistencia. La apuesta iba más allá y era un intento por prefigurar otras relaciones sociales mientras se luchaba contra las actuales. Viene a cuenta lo que supo decir Darío en una entrevista: “Creemos que cortar rutas es hacer un esfuerzo y una acción para poder cambiar la situación en que estamos viviendo, cambiar las cosas de fondo”. Estas palabras, tal vez con menos poesía pero con claridad prístina, nos recuerdan aquel grafiti del mayo francés: “la barricada cierra la calle pero abre el camino”. Ayer se cortaban rutas para abrir caminos; hoy, además, abrimos escuelas para luchar. Mientras que el Estado discute la baja de la edad de imputabilidad, las organizaciones sociales y las fábricas recuperadas abrimos bachilleratos populares.

Los bachilleratos constituyen una experiencia educativa de los sectores populares, por los sectores populares y para los sectores populares. Esta apuesta convierte la exigencia por el derecho a la educación, en una conquista que se hace presente cotidianamente en la organización del proyecto pedagógico político que educa para la emancipación y el cambio social. En las aulas, desde las trincheras de los saberes de abajo, se lucha contra el Saber hegemónico. Pero a su vez cuando la lucha llega a las calles, las convierte en aulas. Porque educándonos luchamos y cuando luchamos nos educamos.

Con la sutileza del día tras día, en la educación popular prefiguramos aquella sociedad que queremos mientras que batallamos contra esa que odiamos. Como pidiendo permiso, cantando bajito decimos: multiplicamos el ejemplo de Darío y continuamos su lucha. Le hacemos lugar a la joven rebeldía mientras nos despedimos de la vieja injusticia. Porque luchamos los rebeldes nunca seremos viejos. Por eso, aunque suene trillado (y no le demos gracias a Dios): todavía hay muchos rebeldes que están vivos, multiplicar es la tarea, es la tarea…

Gabriel Burgos

Notas

1 Hecho conocido como la semana trágica que de tragedia tiene poco y debería llamársela como lo que es: una masacre de obreros.

2 Operación masacre de Rodolfo Walsh, una de las obras fundamentales de la literatura argentina, investiga y relata lo acontecido.

3 Walter Bulacio, fue detenido por fuerzas policiales en las inmediaciones de un recital de los redonditos de ricota y murió días más tarde a causa de la paliza recibida en la comisaría. Miguel Bru, estudiante de Periodismo, fue asesinado en la comisaría Novena de La Plata el 17 de Agosto de 1993. Teresa Rodríguez cruzó una manifestación de docentes neuquinos que protestaban en Cutral-Có por recortes salariales y murió por una bala policial el 12 de abril de 1997. Aníbal Verón, fue asesinado en el año 2000 por la represión a la pueblada de Tartagal. Gastón Rivas es uno de los 34 asesinados por fuerzas policiales y parapoliciales en los alzamientos del 19 y 20 de Diciembre del 2001. Julio López, testigo clave en el juicio contra el represor Etchecolatz permanece desaparecido desde el año 2006. Carlos Fuentealba, docente neuquino, fue asesinado en un corte de la ruta el 4 de abril de 2007. Luciano Arruga desaparecido desde el 31 de enero de 2009; fue visto, por última vez, detenido en una seccional de la policía bonaerense.

4 Archivo de casos de la Correpi 1983-2006, casos de asesinato a manos de las fuerzas de seguridad.

5 Sumo era la banda del cantante y compositor italiano Luca Prodan. Luca escribió una de las mejores canciones que se le han dedicado a Buenos Aires: Mañana en el abasto. En esta canción pintaba el paisaje del Abasto y mencionaba entre otros personajes del barrio a José Luis. José Luis murió hace pocos años en un hecho no esclarecido que involucró a la seguridad de un boliche y a la policía.

6 Archivo de casos de la Correpi 1983-2006, casos de asesinato a manos de las fuerzas de seguridad.

7 Archivo de casos de la Correpi 1983-2008, casos de asesinato a manos de las fuerzas de seguridad.

8 Podemos encontrar el testimonio de Darío Santillán en la película documental La crisis causo 2 nuevas muertes.

pdf para bajar en bajo copy left

Acorralar a la bestia – 26 de junio 2002


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~ por larosaespinoza en 22 junio 2009.

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